Fontana rrosa, q.e.p.d.
Aún cuando su mano no era la misma, Inodoro Pereyra y Boogie El Aceitoso seguirán ocupando un espacio de prevalencia en nuestros sonrientes recuerdos de Roberto Fontanarrosa, el Negro, que en paz descanse.
Los plagios de Bryce Echenique: ¿27?
Con ironías y desplantes enfrentó el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique las acusaciones de plagio en su contra, que le valieron perder sus columnas semanales en El Comercio (Perú) y La Vanguardia (España).
En aquella oportunidad el escritor culpó a su secretaria de ser “la autora” del plagio: “Asumo con gran pena el error cometido en el envío de mis textos por mi secretaria y en mi falta de control al hacerse esos envíos, pero no asumo absolutamente nada más”.
Pero ahora, Bryce Echenique dice, según la revista peruana Caretas: “Eso no es verdad, mi secretaria era yo. Claro, pero es que me desconcerté”.
También anuncia que volverá a La Vanguardia, donde esperan que pase el chaparrón para “hacer nada más que un almuerzo de bienvenida cuando yo regrese”, según él.
Con sus ironías, el autor de Un mundo para Julius contó que regresó de España a Lima al final del gobierno de Alberto Fujimori (al cual, en su momento, culpó de perseguirlo, y dentro de ello “inventar” lo de los plagios), y afirmó que “pasé una temporada en un hospital siquiátrica, atado en un calabozo o algo así”, porque había desarrollado una paranoia que lo llevó en una espiral de locura.
En Caretas asegura que acaba de terminar su libro número 28 y que estos “se han vendido más que nunca” tras el escándalo de plagio.
Entre juguetón y serio, Bryce Echenique dice que le encantaría plagiar a Stendhal, pues al fin y al cabo “un plagio es un acto de admiración, de cariño”, por lo que también incluye a Miguel de Cervantes.
“El plagio es el más grande homenaje, y bueno, yo creo que plagio y contagio son palabras sinónimas”, añadió.
Lo más importante de toda su entrevista en Caretas, para mí, es haber sacado en limpio a su secretaria, porque haberla culpado a ella de plagio fue, sencillamente, una canallada.
Sin embargo, no terminan las cosas para el bueno del Bryce.
Los descubrió, entre otras cosas, porque es profunda admiradora del escritor, y en el rastreo encontró que ha plagiado, entre otros, a los españoles Juan Carlos Ponce, José María Pérez Álvarez, Juan Soto Viñola, Carmen Loret y Cristóbal Pera.
María Soledad se tomó el trabajo de llamar a uno por uno de los plagiados, para que ellos mismos compararan su texto con el de Bryce Echenique, y “les dio mucha pena” (pena se usa en Chile por tristeza), tanta como a ella.
María Soledad considera que “es justo denunciar algo que no está bien”, y encuentra molesto que Bryce “no haya dado disculpas sinceras por sus plagios”. Por mientras, suma 27 copias el eterno autor del magnífico Un mundo para Julius.





