Monday, July 14, 2008

Fontana rrosa, q.e.p.d.

Aún cuando su mano no era la misma, Inodoro Pereyra y Boogie El Aceitoso seguirán ocupando un espacio de prevalencia en nuestros sonrientes recuerdos de Roberto Fontanarrosa, el Negro, que en paz descanse.

Los plagios de Bryce Echenique: ¿27?

Con ironías y desplantes enfrentó el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique las acusaciones de plagio en su contra, que le valieron perder sus columnas semanales en El Comercio (Perú) y La Vanguardia (España).
En aquella oportunidad el escritor culpó a su secretaria de ser “la autora” del plagio: “Asumo con gran pena el error cometido en el envío de mis textos por mi secretaria y en mi falta de control al hacerse esos envíos, pero no asumo absolutamente nada más”.
Pero ahora, Bryce Echenique dice, según la revista peruana Caretas: “Eso no es verdad, mi secretaria era yo. Claro, pero es que me desconcerté”.
También anuncia que volverá a La Vanguardia, donde esperan que pase el chaparrón para “hacer nada más que un almuerzo de bienvenida cuando yo regrese”, según él.
Con sus ironías, el autor de Un mundo para Julius contó que regresó de España a Lima al final del gobierno de Alberto Fujimori (al cual, en su momento, culpó de perseguirlo, y dentro de ello “inventar” lo de los plagios), y afirmó que “pasé una temporada en un hospital siquiátrica, atado en un calabozo o algo así”, porque había desarrollado una paranoia que lo llevó en una espiral de locura.
En Caretas asegura que acaba de terminar su libro número 28 y que estos “se han vendido más que nunca” tras el escándalo de plagio.
Entre juguetón y serio, Bryce Echenique dice que le encantaría plagiar a Stendhal, pues al fin y al cabo “un plagio es un acto de admiración, de cariño”, por lo que también incluye a Miguel de Cervantes.
“El plagio es el más grande homenaje, y bueno, yo creo que plagio y contagio son palabras sinónimas”, añadió.
Lo más importante de toda su entrevista en Caretas, para mí, es haber sacado en limpio a su secretaria, porque haberla culpado a ella de plagio fue, sencillamente, una canallada.
Sin embargo, no terminan las cosas para el bueno del Bryce.

La bibliotecóloga chilena María Soledad de la Cerda, asegura que el escritor peruano tiene a su favor, al menos, unos 16 plagios más, que no se conocían y ella descubrió.
Los descubrió, entre otras cosas, porque es profunda admiradora del escritor, y en el rastreo encontró que ha plagiado, entre otros, a los españoles Juan Carlos Ponce, José María Pérez Álvarez, Juan Soto Viñola, Carmen Loret y Cristóbal Pera.
María Soledad se tomó el trabajo de llamar a uno por uno de los plagiados, para que ellos mismos compararan su texto con el de Bryce Echenique, y “les dio mucha pena” (pena se usa en Chile por tristeza), tanta como a ella.
María Soledad considera que “es justo denunciar algo que no está bien”, y encuentra molesto que Bryce “no haya dado disculpas sinceras por sus plagios”. Por mientras, suma 27 copias el eterno autor del magnífico Un mundo para Julius.
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¿Feligreses sub sidian la pedo filia?

Todos los números son impresionantes: 508 demandantes contra clérigos pedófilos obtendrán 1,3 millones de dólares cada uno, como indemnización de la Arquidiócesis Católica de Los Ángeles, Estados Unidos, para un pago total de 660 millones de dólares, a fin de evitar juicios penales.
Esta información la acaban de enviar al mundo las agencias de noticias EFE y AFP.
Los clérigos homosexuales son, desde luego, de todos los rangos: curas de parroquia y cardenales.
Del total de “religiosos” involucrados en pedofilia, 43 ya murieron, 54 dejaron de ser “ministros de la Iglesia”, 16 siguen con su amenaza pedófila encubierta en el sacerdocio y, solamente 4, han sido suspendidos.
Los anteriores números expresan la burla a la promesa de expulsión de clérigos pedófilos, que habían hecho los “altos jerarcas” católicos.
La Arquidiócesis de Portland, Estados Unidos, pactó la semana pasada pagar 48 millones de dólares a 150 víctimas, y la diócesis de Orange, California, en el 2004 pagó 100 millones de dólares a 90 víctimas de abusos sexuales contra menores de edad.
Lo que yo me pregunto es si ¿la feligresía no es la que está subsidiando la pedofilia de la Iglesia Católica en los Estados Unidos… y en el resto del mundo?

Día de las Cármenes y los conductores

En Chile se dice que la Virgen del Carmen nació en ese país, por lo que resulta natural que ella sea la Patrona y la Reina de la Nación, simbolizada en la estrella de la bandera nacional.
En Colombia, la Virgen del Carmen es la Patrona de los Conductores, aunque no hay documentación cierta sobre el origen de esta adoración particular.
Una versión señala que Mompox es el centro de la celebración del día de la Virgen del Carmen, cuya imagen transportan en barcas y chalupas por el río Magdalena, y regresan en una caravana de buses y camiones que pitan alabanzas.
Uno de mis más antiguos recuerdos es el de un bus intermunicipal, o flota, conducido por un hombre de enormes bíceps porque la dirección entonces era mecánica y había que hacer girar el volante a fuerza viva.
El bus tenía una especie de telón de boca, de color rojo con borlas doradas, enmarcando el vidrio panorámico. En el estrecho espacio entre el conductor y el vidrio, había atornillado un pequeño ventilador que apuntaba hacia el hombre y lo refrescaba en candentes sitios como Neiva o Girardot. Y había, también, una pequeña estatua de la Virgen de Carmen.
Eran buses espectaculares, adornados con banderines de equipos de fútbol, frases célebres del magín del conductor o uno de sus amigos, y un cucarrón rinoceronte, congelado dentro del acrílico transparente de la empuñadura de la barra de cambios, los cuales “metía” con varios movimientos y embragues, con un sonoro ronroneo del motor entre cada uno de estos.
Eran buses geniales, con una cadena colgada en semicírculo del techo, sobre el costado izquierdo del conductor; era cosa de tocar solamente, para que sonara una potente corneta de aire, que hacía saltar al andén al más valiente de los peatones.
Adelante, en la punta de la tapa del motor, un caballo o un Pegaso encabritado guiaba el vehículo a todo lo que pudiera acelerar el conductor, quien, para detener el automotor, “bombeaba” el freno en repetidas ocasiones, hasta “la estacada” final.
¡Espectaculares, geniales bestias a motor, las flotas de aquellos tiempos!
Todos, eso sí, encomendados a la Virgen del Carmen, como debe ser. Virgen que, tras la advocación a Nuestra Señora del Carmen, extendida por la Iglesia Católica en 1726 por el Papa Benedicto XIII, como fiesta litúrgica –en referencia a la narración bíblica de Elías en el Monte Carmelo–, y adoptada como Patrona y Reina los navegantes, pilotos y conductores en distintas partes del mundo.
Para aquellos tiempos de la Conquista de América, los españoles trajeron la devoción a la Virgen del Carmen, y la propia España la declaró protectora de la Marina de Guerra en 1901.
El papa Juan Pablo II la llamó Virgen María del Monte Carmelo, para indicar que es la madre de Jesucristo, cuyo ícono está asociado con el profeta Elías y su prima Isabel, santa.
Lo relevante, sin embargo, es la significación espiritual que tiene la invocación de la Virgen del Carmen en este día, 16 de julio. Ojalá no haya ni un solo accidente de carretera. Ni aéreo. Ni marítimo.
Es también de este día la celebración del onomástico de todas aquellas mujeres que honran a la Virgen María, llevando su nombre del Monte Carmelo.
Este post, entonces, para desearles un feliz día a las Cármenes, y unirme en sus rezos a los conductores.
Encontré esta oración a la Virgen del Carmen, que quizás alguien quiera meditar:
“Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón maternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros.
Amén”.

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Felicidad clan destina

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.
Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha natalicio” y “recuerdos”.
Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.
Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.
Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.
Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.
Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente.
Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.
Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del “día siguiente” iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.
Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.
Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió a fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!
Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras.
¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.
¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.
Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo.

Clarice Lispector

 

No un nuevo Caguán

(…) nos atrevemos a sugerir que se apele, como parte del Derecho Internacional Humanitario, a la concesión transitoria del derecho territorial, que no le abriría el paso, bajo ninguna circunstancia, a un nuevo Caguán, en donde tuviera asiento permanente la soberanía, sino que se prestara para el aprovechamiento material de regiones propias de una agricultura sana, cuya expansión, lejos de constituirse en la fuente de un conflicto internacional, serviría de ruta para nuevos cultivos, revestidos de una indiscutible utilidad, o sea, la ampliación del suelo cultivable en una variante de lo que quiso ser en determinado momento la reforma agraria de la administración Lleras Restrepo (…).
Alfonso López Michelsen (qepd)

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La masacre de los “re volucionarios”

Hasta ahora no he podido entender la lógica que manejan las llamadas fuerzas armadas “revolucionarias” Farc, y tampoco cómo puede haber gente que la respalde, aún siendo familiares de sus víctimas.
Me refiero a que los “revolucionarios” de las Farc dicen que no sueltan a los que tienen secuestrados porque el Gobierno es testarudo y no despeja dos municipios del Valle del Cauca.
Esas personas están secuestradas, es decir, en poder de secuestradores, y este es una categoría de los delincuentes comunes. Pero en su “astucia”, los “revolucionarios” de las Farc dicen que esos son “secuestrados políticos“. ¡Y santo remedio!
Y los familiares de los secuestrados por los delincuentes de las Farc aceptan esos argumentos. Y dicen: “Pobrecitos los de las Farc, este Gobierno miserable del reyezuelo paisa los tiene acorralados y no pueden soltar a Juanito, Paquito, Isabelita y Glorita”.
También dicen: “Si algo les pasa a Juanito, Paquito, Isabelita y Glorita, que están “en poder” de las Farc, la culpa es de este miserable Gobierno del reyezuelo”.
¡Entonces se van contra el Gobierno!
Pero los delincuentes son los “revolucionarios” de las Farc,
los que asesinan campesinos son los “revolucionarios” de las Farc,
los que asesinan obreros son los “revolucionarios” de las Farc,
los que asesinan profesores son los “revolucionarios” de las Farc,
los secuestradores son los “revolucionarios” de las Farc,
los que siembran hoja de coca son los “revolucionarios” de las Farc,
los que procesan cocaína o cuidan laboratorios de narcotraficantes son los “revolucionarios” de las Farc,
los que compran armamento son los “revolucionarios” de las Farc,
los que destruyen la infraestructura son los “revolucionarios” de las Farc,
los que chantajean a las multinacionales son los “revolucionarios” de las Farc y los que truncan la infancia de los niños, obligándolos bajo amenaza de muerte a estar con un fusil al hombro, son los “revolucionarios” de las Farc.
Ahora, en otro de sus gestos desfachatados, los “revolucionarios” de las Farc dicen que “fallamos en la misión de custodiar los prisioneros y llevarlos al canje”, al referirse a los 11 diputados que asesinaron.
¿Por qué la gente, y aún los familiares de los diputados muertos, les creen más a los “revolucionarios” de las Farc que al Gobierno, cuando éste dijo que no había intervenido y ahora los “revolucionarios” de las Farc dicen que no tienen certeza y van a averiguar “quién los atacó”? Con todo, uno de esos “comandantes” de los “revolucionarios” de las Farc dice que la masacre por ellos perpetrada no es su responsabilidad. Porque ellos son “revolucionarios”, y su masacre es “una cortina de humo del Gobierno”.
Cometida la masacre, los “revolucionarios” de las Farc “solicitan al Comité Internacional de la Cruz Roja y al grupo de facilitación conformado por España, Francia y Suiza “su acompañamiento y buenos oficios” para la entrega de los cadáveres de los once diputados”.
Los cadáveres de las víctimas de los “revolucionarios” de las Farc son ahora elemento de “gestiones políticas“.
Hay que tener mucho cinismo para ser “revolucionario” de las Farc, y estar enceguecido o tener una total carencia de criterio para apoyar sus argumentos.

 

Siete maravillas pueden ser pocas

Recuerdo haberme aprendido de memoria las siete maravillas del mundo. Haberlas recitado en el salón de clases y escrito en la hoja de pruebas. No podían ser otras:
–Pirámide de Giza, en Egipto
–Jardines colgantes, en la actual Irak
–Templo de Artemisa, en Turquía
–Estatua de Zeus, en Grecia
–Sepulcro de Halicarnaso, en Turquía
–Coloso de Rodas, en Grecia
–Faro de Alejandría, en Egipto
De aquello se tenían bosquejos, esbozos y, sobre todo, había que apelar a la imaginación.
En lo personal, me fascinaba con la abstracción de los jardines colgantes de Babilonia, el Faro de Alejandría y el coloso de Rodas. Y quizás el gusto fuera la sonoridad de los nombres.
Todo aquello, conservado impoluto en la memoria.
Todo aquello majestuoso, pero irreal. Porque la historia avanza, y está bien que se actualicen las maravillas que el hombre ha erigido sobre la faz de la Tierra.
Un día, Unesco reconocerá las nuevas siete maravillas, escogidas por votación popular. Aunque, claro, estoy de acuerdo con que siete son pocas.
Quedan por fuera, la Acrópolis, el Kremlin y los moai de Isla de Pascua, entre otras maravillas.
Quedo conforme con las seleccionadas, en el siguiente orden, de mayor a menor votación:
1–Chichen Itzá, en México
2–Cristo Redentor, en Brasil
3–La gran muralla, en China
4–Machu Pichu, en Perú
5–Petra, en Jordania
6–Coliseo, en Italia
7–Taj Mahal, en India
Quedo conforme con que la mirada del mundo se mueva un poco hacia Latinoamérica. También quedo conforme con que no se haya escogido la Estatua de la Libertad de Nueva York, que estaba postulada.
No podemos confundir maravillas con sitios turísticos.
Y ahora, los mismos organizadores (New7wonders) de las siete maravillas del Mundo proponen escoger las siete maravillas de la Naturaleza.
El plazo para votar por las primeras fue el día 7 del mes 7 del año 07, y el de seleccionar las maravillas naturales vence el día 8 del mes 8 del año 08.
Una de las tantas bellezas de la Naturaleza en Colombia podría estar postulada.

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La vida pro funda

Desde el lejano día de adolescencia en que lo aprendí, este poema no ha hecho más que reafirmar mi predilección por su sabiduría.
Habla del ser humano en sus matices, sus fuertes aristas y sus debilidades.
Lo escribió Porfirio Barba Jacob (1883–1942), seudónimo con el cual el colombiano Miguel Ángel Osorio logró conquistar un sitio especial en la poesía latinoamericana de todos los tiempos.

Canción de la vida profunda
El hombre es una cosa vana, variable y ondeante…
Montaigne


Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…
(¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡Oh Tierra! un día… un día… un día…
en que levamos anclas para jamás volver…
Un día en que discurren vientos ineluctables

¡un día en que ya nadie nos puede retener!

 

La casa de Asterión

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
–¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo–. El minotauro apenas se defendió.

Jorge Luis Borges

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La ad versidad

Dicen que cuando llegas a un punto decisivo en la vida, no importa cómo llegamos
ahí, sino lo que hacemos después. Por lo general llegamos a este punto debido a
la adversidad. Y solo después descubrimos quiénes somos, de qué estamos hechos
realmente. Es un proceso, un regalo, un viaje.
Paris Hilton
(en entrevista de anoche con Larry King)

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La cere monia

Mamá recorrió la casa mascullando retahílas ininteligibles, desnuda bajo esa enorme manta de seda púrpura que acostumbraba vestir para la ocasión.
–¡Te ordeno que regreses!
Sabía que ahora flotaba su cabellera y su voz golpeaba una y otra vez.
Desde mi involuntario aislamiento movía la cabeza diciendo, “No, mamá, no”.
Ella volvía a exhortar con los brazos en cruz.
Al rato pude ver que todos rodeaban la escudilla, llena de un líquido tumultoso, burbujeante.
Mamá había invocado un lacerante recuerdo.
Todos guardaban silencio.
De pronto, alguien sollozó; hasta cierto punto algo había ocurrido a partir del otro lado de la mampara.
Unos pasos se desvanecieron finalmente. Mamá se tendió sobre el edredón, exhausta, sin sentido.
La noche había entrado a reposar de nuevo.

Las nuevas cien mejores películas

Los tiempos cambian. Y no se trata de una obvia expresión. Lo digo a propósito de la lista de las cien mejores películas estadounidenses.
“El padrino”, tercera en preferencia hace diez años, hoy es segunda. “Toro salvaje” estaba en el puesto 24 y ahora figura de cuarta. Un brinco colosal también dio “Vértigo”, al pasar del puesto 61 al noveno.
Los tiempos cambian. Y no se trata de una obvia expresión.
Por fuera del ranking quedaron “Doctor Zhivago”, que ostentaba el puesto 39; “Rebelde sin causa”, que estaba de 59; “Danza con lobos”, ubicada en el 75 y “De aquí a la eternidad”, en el 52.
“Ben Hur” quedó a punto de quedar sin puntaje. Bajó del lugar 72 al 100.
“La naranja mecánica”, por ejemplo, bajó del 46 al puesto 70.
Los tiempos cambian. Hay otra mentalidad, otra sensibilidad, otra estética.
Así, subieron al podio de las 100 mejores películas: “El señor de los anillos: la comunidad del anillo”, “Rescatando al soldado Ryan”, “Titanic”, “Sexto sentido” y “¿Quién le teme a Virginia Wolf?”, entre las 23 nuevas.
Obviamente, falta la lista “Del resto del mundo”.

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¿Ser á? ¿Quién ser á?

Uno de los congresistas detenidos en La Picota por la parapolítica, se ha destacado por sus excelentes modales. Un caballero a carta cabal. Como dicen las señoras, una persona de muy buenas maneras. Y aparte de su presentación personal, es de una familia muy prestante. Andan comentando que este congresista tiene muy angustiados a sus colegas de reclusión por sus ataques depresivos. Hasta el punto que optaron por no dejarlo solo ni un minuto, pues temen que tome una decisión fatal de un momento a otro. En el Congreso comentan que ya lo ha intentó (sic) una vez…
Juan Paz

 

En nuestro día, padre

De los muchos correos–e que uno recibe como eslabones de largas cadenas que nos atan y en las más de las veces nadie se toma la molestia de modificar y simplemente rebota sin que ello implique ganancia o pérdida de indulgencias, sin falsos pudores me apropio hoy del siguiente que sin dudarlo ni ruborizarme puedo afirmar que me hago la ilusión de que algo semejante expresarán un día mis hijos de mí, aunque solamente sea para sus adentros:
“Cuando yo tenía cinco años mi padre era Supermán.
Cuando yo tenía diez años mi padre era fantástico.
Cuando yo tenía quince mi padre empezaba a fastidiar un poco.
Cuando yo tenía veinte años mi padre era un fastidio constante.
Cuando yo tenía treinta, mi padre se había calmado.
Cuando yo tenía cuarenta años me di cuenta de que mi padre decía cosas interesantes.
Cuando yo tenía cincuenta mi padre se fue.
Ahora tengo sesenta y ocho años, y las palabras de mi padre vienen a menudo a mi memoria, con más claridad que muchas otras de cuantas he escuchado. Ahora, por fin, me he dado cuenta de algo: ¡Qué sabio era mi padre!”
Y más que “sabio”, agregaría:
¡Cuántas veces me dijo que me quería y yo no lo escuché porque estaba de afán!
¡Cuán amoroso era y no comprendí su manera de expresármelo!
¡Cuánta admiración siento hoy al ponerme en sus zapatos y saber la manera como enfrentó la vida!
¡Cuán orgulloso estoy de haber tenido un padre como el que tuve, y de ser hijo de quien fue mi padre!
Este agregado cobra sentido cuando a estas alturas de mi existencia puedo expresar esas acotaciones del correo–e, referentes a mi extinto padre Carlos Alberto Suárez Bermeo, a quien ahora quiero más que antes.

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Dylan y el Príncipe de As turias

Es perogrullada hablar de las poéticas letras de Bob Dylan, que nada tenían que ver con las de sus contemporáneos, o con las de sus coterráneos.
Perogrullada decir que Robert Zimmerman, pues dicen que así sus padres lo bautizaron, le puso guitarra eléctrica al folk y alta lírica al rock. Hoy tiene 66 años, ¡cómo pasa el tiempo!
Siempre un hálito lo rodea, una penumbra lo sigue. Ha sido cuidadoso en crear su propia mitología. Por eso, quizás, no ha sido fácil con la prensa, con que alguien inadecuado sepa su vida. Amigo de Allen Ginsberg, dicen. Que fumaba marihuana, dicen (dicen que también lo hizo en pleno Royal Albert Hall).
Una deliciosa anécdota de Mauricio Jurgensen: “‘Es buena tu canción’, comentó arrogante, con lentes oscuros, corbata y cigarrillo en la boca. ‘Yo fácilmente pude haber escrito eso de (I can’t get no) Satisfaction, pero tú nunca hubieras podido componer algo como Mister Tambourine man’. Mick Jagger, sorprendido por la provocación, reacciono rápido, con acidez británica: ‘Seguro Bob, pero tú nunca hubieras podido cantar (I can’t get no) Satisfaction como lo hago yo’”.
Los dos dinosaurios, creo, aún se miran a los ojos.

Soplando en el viento
¿Cuántos caminos debe un hombre andar
para que lo tengan por hombre?
¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma
para poder descansar en la arena?
¿Cuánto tiempo seguirán silbando las balas de cañón
antes de ser proscritas para siempre?
La respuesta mi amigo, está soplando en el viento.
La respuesta está soplando en el viento.
¿Cuantas veces ha de mirar un hombre hacia arriba
para poder ver el cielo?
¿Cuántos oídos tiene que tener un hombre
para oír los lamentos del pueblo?
¿Cuántas muertes más tendrá que haber
para que sepa que ha muerto demasiada gente?
¿Cuántos años puede existir una montaña
antes de ser arrastrada al mar?
¿Cuántos años puede vivir alguna gente
antes de que se les permita ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza
pretendiendo ver lo que no ve?
La respuesta mi amigo, está soplando en el viento,
La respuesta está soplando en el viento.

El Huracán
Disparos de pistola resuenan en la noche en el bar
Llega Patty Valentine desde el piso de arriba
Ve al encargado en un charco de sangre
Grita: “¡Dios mío, los han matado a todos!”
Aquí viene la historia del Huracán
El hombre al que las autoridades culparon
De algo que nunca hizo
Lo pusieron en una celda de prisión, pero él pudo haber sido
el campeón del mundo.
(…)
Ahora todos los criminales con sus trajes y corbatas
Están libres para beber martinis y mirar el amanecer
Mientras Rubin se sienta como Buda en una celda de diez pies
Un hombre inocente en un infierno viviente
Esa es la historia del Huracán
Pero no terminará hasta que limpien su nombre
Y le devuelvan el tiempo que ha cumplido
Lo pusieron en la celda de una prisión, pero una vez pudo haber sido
el campeón del mundo.

Dicen que el jurado del Príncipe de Asturias dudó entre él, Ennio Morricone, Joan Manuel Serrat y Caetano Veloso.

 

Hugo Chávez, ¿solo contra Bilderberg?

¿Vieron? Colombia, paria narcotraficante, es el pivote sobre el cual gira el nuevo orden mundial de globalización capitalista. Sin Colombia, el modelo Occidental se desmoronaría, poniéndole fin a la historia.
Quedé tiritando al terminar esta lectura de Gloria Helena Rey sobre la tesis concluyente de Daniel Estulin sobre el Club Bilderberg sobre la actual realidad terrícola. La existencia, a partir de ahora, será otra con nuevos ojos para mí.
Ya no podré ver a los carteles del Valle, de Medellín, de las Farc, de la Costa, de los Llanos y de Bogotá como fétidas llagas pustulosas en la meninge de la sociedad colombiana, sino como peleles marionetas estúpidas de la auténtica mafia de Bilderberg.
El estudioso del tenebroso club es un colega ruso–canadiense llamado Daniel Estulin, quien ha podido señalar con el dedo impunemente a los miembros de ese oscuro grupo de manipuladores planetarios.
Grupo conformado, entre otras personalidades, por David Rockefeller, dueño del Chase Manhattan Bank, es el hombre más fuerte de la cofradía; George Bush padre, Bill Clinton, Giscard Giscard, Jacques Chirac; los dueños de Lazard Frères & Co, Barclays, Goldman Sachs, Deutsche Bank, Société Générale de Bélgique, UBS y Warbur; administradores de grupos industriales como Unilever, Fiat, Daimler-Chrysler, Xerox, Lafargue, Elf, Shell y BP Amoco; propietarios de periódicos como The New York Times y Washington Post; la realeza holandesa; Henry Kissinger y periodistas como Juan Luis Cebrián.
Daniel Estulin afirma, inclusive, que The Beatles son creación de Bilderberg, club que desde 1954 ha prefigurado nuestro futuro, paso a paso, como lo hizo, varios años antes de que ocurriera, con el acercamiento de Estados Unidos a China, el Plan Brady, la llamada Guerra de las Galaxias y la guerra de Irak. Para los del club todo esto ha sido de lo más normal.
Sobre el tráfico de narcóticos, Daniel Estulin precisa que mueve “más de 700 mil millones de dólares en dinero líquido, libre de impuestos”, y es contundente cuando asegura que “deberíamos entender que la droga no es el dominio de los narcotraficantes sino de las personas más poderosas y ricas del mundo y, que, Bilderberg, esta dentro del ajo”.
En sus cuentas, “cuando cien mil millones de dólares de dinero sucio se prestan al cinco por ciento a una gran corporación, el dinero se convierte en legal y efectivo”, y “por cada millón de dólares en que crecen los beneficios (de esa gran corporación), el valor de las acciones del uno por ciento que controla Wall Street, aumenta entre veinte y treinta veces”.
Escalofriante.
Lo que me pareció un tanto extravagante es que sea el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien ponga en peligro del dominio de Bilderberg, siniestro club que lo ha podido todo. Dice Daniel Estulin en la versión de Gloria Helena Rey, de la que estoy condensando estas líneas:
“Una de las grandes preocupaciones regionales de Bilderberg sería Venezuela. Le inquieta que Chávez haya conseguido, sobre todo a través de los beneficios record del petróleo, romper el embargo contra Cuba, envalentonar al movimiento indígena en Bolivia con Evo Morales a la cabeza y fortalecer el paso hacia Mercosur, que se opone al libre comercio que el Club promueve. También se preocupa con que Chávez ‘haya ayudado a Argentina y Brasil a reducir sus deudas externas con Fondo Monetario Internacional (FMI), el látigo del Imperio’. Si Mercosur rechaza unirse al Tratado de Libre Comercio (Nafta), haría peligrar el objetivo principal del Club: la expansión del TLC (Nafta) a lo largo del Hemisferio Occidental”.
El Nafta, o TLC, es el pacto comercial Canadá–Estados Unidos–México, cuya versión ideal sería la Alianza de Comercio de las Américas (Alca), expansión en el Hemisferio Occidental que resultaría verdaderamente estratégica y provechosa para Bilderberg.
Y que el presidente Hugo Chávez sea una amenaza para una secta de esta naturaleza (superior a los masones y los templarios juntos) casi me parece delirante.
Pero como dijo el ex presidente Laureano Gómez: A la gente hay que creerle. Y en este caso a Daniel Estulin.

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Breve pa seo

Un saludable aunque breve paseo vespertino me permitió saber qué tan responsables son algunos de mis colegas y apenarme un poco ante una ilusión rota. Volví a ser niño y me alegré por su logro entre los de Latinoamérica. Pensé un largo rato esta pregunta y me sonreí con los héroes y villanos que también pululan por acá. Me me gustó mucho esta iniciativa literaria.

 

Criminal solicitado

El “canciller” de las Farc, alias Rodrigo Granda, está procesado por delitos de secuestro, asesinato… es un criminal solicitado por la justicia paraguaya.
Nicanor Duarte

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